I am glad if I am happy 

Endre Tót, L21 en colaboración con acb gallery 


hacia un arte limítrofe: Endre Tót



Endre Tót (Sümeg, Hungría, 1937) ha permanecido durante la preparación de esta exposición, que es también su primera muestra individual en España, como un personaje a la vez profundamente misterioso y absolutamente transparente.1 Tót comenzó a desarrollar una práctica cada vez más cercana al conceptualismo que caracterizaría el resto de su trayectoria a principios de la década de los setenta, cuando existía un férreo régimen comunista en su país natal. El telón de acero hacía imposible la emergencia de un arte libre y experimental dentro de sus límites, pero no consiguió aislarle por completo de la vibrante escena artística internacional de aquellos años. Tal vez fue este contexto de libertades coartadas el que le empujó a una creciente autorreferencialidad, a la vez filosófica y humorística, en sus obras.


Ejemplo paradigmático de ello son las cartas plagadas de ceros que tipografió y envió por correo y que le convertirían en uno de los pioneros del mail art o, posteriores en el tiempo, las manifestaciones Zero Demo organizadas en distintas ciudades en las que los participantes caminaron llevando pancartas con ceros. Y es que, incluso en un régimen de carácter dictatorial en el cual la censura era una práctica común, ¿cómo censurar la vacuidad, que ocupa un lugar fundamental en las obras de Endre Tót? ¿desde dónde abordar la comunicación reducida a su mínima expresión?


I am glad if I can type zeros, puede leerse al final de una de estas cartas que rebosan de repetición numérica y vacío significante… si la mirada se sostiene durante el tiempo suficiente, solo es posible ver una malla perfectamente geométrica de la cual se descuelga un cero, rompiendo el patrón e invadiendo el margen del papel. Es curioso el paralelismo con una fotografía del mismo periodo, que muestra al artista empujando ligeramente con su cuerpo la uniforme fachada de un edificio, como si pudiera ser él la personificación de aquel cero indisciplinado, hacer lo que este hacía en el margen del papel y romper con la presencia de su cuerpo los patrones geométricos de un paisaje urbano gris.


Endre Tót erosiona los límites entre práctica artística y vida cotidiana mediante este tipo de acciones sutiles que, de no ser por la documentación fotográfica que se hace de las mismas, bien podrían pasar totalmente desapercibidas como gestos evanescentes, situaciones o acontecimientos extra-artísticos. En una serie compuesta por una inmensa variedad de estos acontecimientos que reúne bajo la repetición del título “I am glad…”, Tót lleva a cabo acciones sencillas, que en muchos casos pueden ser interpretadas como absurdas por su autorreferencialidad: nos da la espalda mientras contempla una pared de ladrillos, da un paso con el pie derecho a punto de aterrizar en el suelo, estampa su siempre sonriente autorretrato sobre unas nalgas desnudas, fotografía su propia sombra proyectada sobre la hierba, dibuja una línea recta en la fachada de un edificio… todos ellos son gestos mínimos, apenas perceptibles.


Sin embargo, como decíamos más arriba, son también experiencias estéticas delimitadas por la documentación fotográfica, que les confiere una materialidad, en tanto soporte comunicativo, y una duración en el tiempo que se prolonga más allá de la temporalidad de la propia acción. La de-limitación es también un concepto clave para comprender el trabajo de Tót, representante de una práctica artística que se las ve constantemente con los límites, ya sean estos fronterizos o disciplinares. En cualquier caso y sea cual sea su naturaleza, son empujados para hacer hueco a la libertad y la experimentación. 


En este sentido, es revelador el concepto de borderline art, que podríamos traducir como arte limítrofe o fronterizo, acuñado por George Brecht en los años sesenta para acotar un conjunto de prácticas que Lucy Lippard denominó también desmaterializadas y Lawrence Alloway no compactas. La definición de Brecht, artista con quien Endre Tót mantuvo contacto por correspondencia en esta época, como lo hizo con muchos otros artistas que integraron ese grupo flexible, experimental y lúdico que fue Fluxus, no hacía hincapié ni en el aspecto material ni formal para mapear este tipo de prácticas de orientación conceptual que aparecieron durante los sesenta y que tenían más que ver con la presencia que con la representación, sino que repara en la propia experiencia del límite. En palabras de Brecht, se trataría de “un arte al punto de la imperceptibilidad. Sonidos apenas audibles, imágenes apenas distinguibles (…) debería ser posible omitirlo por completo.”2


El arte limítrofe es por tanto un tipo de práctica que podría llegar a ser indistinguble, aunque no por ello totalmente indiscernible, de la propia vida cotidiana. El recorrido que propone la exposición “I am glad if I am happy” reúne así un conjunto de gestos y acciones mínimas que no están en ningún modo jerarquizadas entre sí. Hacer un dibujo geométrico con tiza, leer las teorías políticas de Lenin y mover el dedo pulgar del pie tienen aquí el mismo valor experiencial: el que les otorga una mirada estética que ha tendido siempre a la experimentación creativa y al sentido del humor y, aún más difícil, que ha sabido mantenerse intacta a lo largo de las décadas.


En el trabajo más reciente de la muestra, “I am glad if I don’t see you” (2001), Endre Tót permanece de pie y con el rostro cubierto entre una de esas aglomeraciones de gente tan características de los mercados navideños alemanes.3 Entre sus manos sujeta un cartel en el cual se puede leer la misma frase que da título a la obra en letras mayúsculas. En el primer plano de la imagen, un hombre gira ligeramente la cabeza para leer el mensaje mientras el artista permanece de alguna manera ajeno a la situación perceptual que provoca su presencia… Esta figura vestida de negro continúa siendo la protagonista de acciones que nos empujan una y otra vez a la experiencia del límite o, más bien, de un arte limítrofe que colinda incansablemente con la vida.






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1 Esta exposición ha sido posible gracias a la colaboración con acb Gallery.  

2 George Brecth citado en Dezeuze, Ana. In Search of the Insignificant. Street Work, Borderline Art and Dematerialisation. I. Parvu (ed.), Objects in Progress. After the Dematerialisation of Art, Geneva, MetisPresses, 2012. Págs. 35-64. Pág. 39.

3 Probablemente se trate del Weihnachtsmarkt de Colonia, donde el artista se afincó en 1980 y permanece hasta la actualidad.


Esmeralda Gómez Galera








Fotografías:Lua Oliver, cortesía de L21.